Absurdo
Algunas Reflexiones

Inspiración, miedo y el buen escritor.

He intentado encontrar inspiración en todos los lugares que conozco. Irónicamente, donde más he creado ha sido sentado en mi escritorio, en mi cuarto.

daniel·11 ago. 2026·2 min de lectura
Office in a small city, Edward Hopper (1953)

He intentado encontrar inspiración en todos los lugares que conozco. Irónicamente, donde más he creado ha sido sentado en mi escritorio, en mi cuarto. No me queda claro si es más o menos poético que decir que la inspiración llega cuando viajo o que está ligada a alguna especie de lujo innecesario.

La Paloma, Punta del Este, lugares que tienen un peso emocional significativo y de los cuales disfruto ampliamente, no me han devuelto más que el simple placer de poder experimentarlos y contemplarlos cada vez que voy. Son lugares que disfruto y les tengo cariño y sobre los cuales he escrito, pero no son ellos los que me dan la inspiración, sino lo que he sentido en esos momentos y lo que hoy representan para mí. Soy un hombre de hábitos.

Desconozco si la inspiración llega, se encuentra, se persigue o si se trabaja y se practica como si fuese una especie de habilidad recientemente adquirida.

Personalmente, a veces siento que tengo cosas que decir. Que escribir. Cosas que quiero hacer. Y otras veces, simplemente no. Y cuando no tengo esas ganas, me invade una sensación particular de miedo. Algo así como si se tratara de perder los poderes, como si fuese un superhéroe. El miedo a perder, de alguna manera, la voz; la capacidad de expresar y de reflexionar sobre lo que ocurre, no solo en mí, sino a mi alrededor.

En esos momentos siento que escribir se parece a buscar el pulso en la muñeca y no encontrarlo. No porque esté muerto, sino porque ya no responde al tacto.

Suelo entregarme a esa sensación y, entre el miedo y la lucha por evitarlo, recurro a una escritura excesiva, a veces violenta, cargada de ideas que se alejan de mí. Lo hago de manera —quizá como ahora— pretenciosa, utilizando palabras que en otro contexto no usaría. No lo hago para decir algo nuevo, sino para comprobar que esa capacidad sigue ahí. Que aún puedo hacerlo. Que no se ha ido. Como si se tratara de una especie de afirmación del yo, de mí mismo.

El problema es que en estos momentos mi escritura pierde el foco. Mis ideas se dispersan y mis palabras se vuelven poco serviles a las sensaciones que quiero transmitirle al papel.

Lo cual me lleva a preguntarme qué es lo que hace a un buen escritor. La inspiración? Su calidad, su cantidad y lo que pueda discernir de ella? El aplauso y la aprobación del otro? La asertividad de sus palabras?

Quizá mi pregunta persiste porque busco una respuesta definitiva y, en realidad, no se trate de cuánto se escribe, ni de cuán bien, ni siquiera de que alguien lo lea. Capaz el buen escritor justamente no sea quien escribe porque puede y se inspira, sino quien escribe porque teme dejar de poder hacerlo.

Si ese fuese el caso, me dejaría más tranquilo.